29/01/2026
Los ramos vinculados a movilidad, incendio y riesgo catastrófico muestran dos realidades simultáneas. Por un lado, presentan crecimiento y un desempeño técnico razonable; por otro, la brecha de protección sigue siendo amplia y la capacidad para cubrir eventos severos depende, en gran medida, de una estructura sólida de reaseguro. En el ramo de automóviles, el mercado reporta Q 2,362 millones, equivalentes al 18% de las primas, con un crecimiento de 10.4%, un ratio combinado de 92 y utilidades por Q 144 millones. Estos indicadores sugieren que el ramo se mantiene dinámico y con un equilibrio aceptable entre primas, costos y siniestros, condición clave para sostener la oferta y atender reclamos con oportunidad.
En términos de aseguramiento, se registran aproximadamente 177,000 automóviles, 93,000 motocicletas y 59,000 camiones de carga pesada con cobertura. Estas cifras muestran que existe un núcleo relevante de vehículos protegidos, pero también evidencian el tamaño de la brecha: el seguro aún no alcanza a una parte considerable del parque vehicular. Esto resulta especialmente relevante por el impacto social del riesgo vial, que incluye accidentes, lesiones, daños a terceros y costos económicos que, en muchos casos, terminan afectando a familias, empresas y servicios públicos.
La brecha sigue siendo significativa. Se estima que el parque vehicular con cobertura total ronda el 9.84% —o aproximadamente 16% si se excluyen las motocicletas—. Por tipo de vehículo, se observan niveles como 19% en automóviles, 13% en pickups, 10.87% en buses y apenas 3.05% en motocicletas. En términos sencillos, una gran cantidad de vehículos circula sin protección suficiente, particularmente las motocicletas, que además suelen estar más expuestas a siniestros por su forma de uso y condiciones de circulación. Esto confirma que la masificación del seguro de movilidad sigue siendo un reto país, donde el desafío no es solo vender más pólizas, sino diseñar modelos accesibles, claros y alineados con la realidad del conductor y su capacidad de pago.
En el ramo de incendio, se reportan Q 1,662 millones en primas, con un crecimiento de 6%, pero con un dato especialmente revelador: una retención de apenas 6%. Esto evidencia una alta dependencia de la capacidad de reaseguro, lo cual es consistente con la naturaleza del ramo, caracterizado por eventos de alta severidad. Dicho de manera simple, para proteger bienes y patrimonios ante incendios u otros daños significativos, el mercado requiere respaldo suficiente para absorber pérdidas grandes sin comprometer su solvencia. Esta característica refuerza la importancia de una adecuada suscripción, correcta valoración de riesgos y determinación apropiada de las sumas aseguradas.
En paralelo, se estima que la infraestructura total asegurada se sitúa entre 8% y 9%, mientras que la infraestructura pública presenta niveles muy bajos de cobertura. Esta situación representa una alerta técnica y de política pública. Cuando la infraestructura no está asegurada, la recuperación tras un evento severo suele depender del presupuesto y de la capacidad de respuesta del Estado, lo que puede resultar lento y costoso. Además, la falta de cobertura puede derivar en interrupciones de servicios esenciales, afectación económica y mayores pérdidas para comunidades completas. Por ello, hablar de infraestructura no es solo una discusión financiera, sino un tema de resiliencia y continuidad del país.
En un territorio expuesto a eventos severos, estas brechas subrayan la necesidad de fortalecer tres frentes clave. Primero, la gestión del riesgo: prevención, inspecciones, ingeniería de riesgos, buenas prácticas de seguridad y reducción de exposición, especialmente en actividades productivas y comercios. Segundo, la mejora en la calidad de las sumas aseguradas para evitar el infraseguro, que ocurre cuando un bien se asegura por debajo de su valor real y, al momento del siniestro, la indemnización resulta insuficiente para una recuperación adecuada. Tercero, la consolidación de alianzas con reaseguradoras que permitan sostener capacidad, estabilidad y condiciones competitivas.
A nivel global, el reaseguro ha atravesado un ciclo de mercado duro tras años de elevada siniestralidad, con una recuperación técnica más clara desde 2021. Estos ciclos impactan precios, condiciones, deducibles, retenciones y apetito de riesgo. En consecuencia, la planificación de capacidad y condiciones se vuelve estratégica: no se trata únicamente de renovar programas, sino de anticipar cambios, mejorar la calidad de la información y el modelaje, y presentar exposiciones con claridad para obtener mejores resultados.
En síntesis, los ramos de movilidad e incendio muestran dinamismo, pero la brecha de protección sigue siendo amplia. Cerrarla requiere productos accesibles, una cultura de prevención fortalecida y una arquitectura de reaseguro sólida que permita responder cuando el riesgo se materializa.