29/01/2026
El punto de partida es claro: el país exhibe crecimiento en primas y un desempeño técnico favorable, pero mantiene una penetración de 1.4% del PIB, lejos de referencias regionales y globales. Esta brecha confirma que el reto principal no es únicamente “producir más”, sino lograr que más personas y más negocios estén realmente protegidos, con modelos sostenibles en el tiempo. En términos sencillos, el mercado avanza, pero todavía hay demasiadas familias que, ante un accidente, una enfermedad o un desastre natural, deben resolverlo todo con sus propios recursos.
Para 2026, las prioridades se concentran en cuatro frentes. El primero es expandir el acceso: llegar a más personas mediante distribución masiva y canales alternos. Esto implica facilitar la compra y el pago, ofrecer productos simples y claros, y acercarse a los hábitos reales de la población, incluyendo a quienes tienen ingresos variables o trabajan en la informalidad. No se trata de “vender por vender”, sino de diseñar coberturas que resuelvan necesidades concretas: salud, vida, vehículo, vivienda, comercio y protección ante daños a terceros.
El segundo frente es la estabilidad y la solvencia, apoyadas en una gestión robusta de reaseguro. Guatemala está expuesta a riesgos severos —sismos, inundaciones, incendios y siniestros de alto impacto—. Para poder responder adecuadamente cuando ocurre un evento de gran magnitud, el sector necesita mantener reservas suficientes, disciplina técnica y programas de reaseguro adecuados. Esto protege al asegurado, porque fortalece la capacidad de pago y la continuidad del servicio.
El tercer frente es la innovación responsable basada en datos. La tecnología puede ayudar a hacer el seguro más accesible y rápido: mejores cotizaciones, emisión ágil y procesos más simples. Sin embargo, la innovación debe ir acompañada de controles: precios bien calculados, prevención del fraude y decisiones transparentes. Innovar no es solo digitalizar; es mejorar la experiencia y la eficiencia sin poner en riesgo la estabilidad.
El cuarto frente es la confianza del consumidor. Aquí no hay atajos: la confianza se construye con lenguaje claro, explicaciones simples, coberturas entendibles y, sobre todo, con un siniestro bien atendido. En un entorno cada vez más digital, también se vuelve indispensable la ciberseguridad y la protección de los datos personales, porque un incidente puede dañar la reputación del sector y frenar la adopción del seguro.
Finalmente, la ejecución requiere ajustes internos: suscripción más ágil, atención omnicanal —presencial y digital— y gestión de siniestros con trazabilidad y tiempos predecibles. La expansión sin excelencia operativa tiende a erosionar la confianza. Por ello, la productividad debe ir de la mano con la calidad. Si 2026 quiere ser un año de masificación real, el foco debe estar en un seguro más cercano, más claro y verdaderamente útil para la vida diaria de las personas.