La telemática convierte determinados aspectos del uso de un vehículo en información que puede analizarse. Según el sistema, pueden utilizarse un dispositivo, una aplicación móvil o la tecnología incorporada por el fabricante puede registrar distancia recorrida, horarios, cambios de velocidad, aceleraciones y frenadas. No todos los programas recogen las mismas variables ni ofrecen igual precisión. Antes de interpretar los datos es necesario conocer cómo se obtuvieron, durante cuánto tiempo y con qué finalidad.

Para el seguro, esta información puede complementar variables tradicionales como el tipo de vehículo, su uso declarado y la experiencia de siniestros. La Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación ha documentado el desarrollo de los modelos basados en datos, así como sus oportunidades y riesgos. En un estudio con información de seguros de automóviles, se analizó la distancia recorrida, la frecuencia de los viajes y determinados comportamientos de conducción para mejorar la clasificación del riesgo. El estudio demuestra posibilidades técnicas, pero no ofrece una fórmula universal que pueda aplicarse de la misma manera en todos los mercados.

El valor preventivo de la telemática no depende únicamente de su posible utilización para establecer una tarifa. Con la participación voluntaria del asegurado, los datos pueden servir para ofrecer retroalimentación sobre la conducción, emitir recordatorios de mantenimiento o facilitar la asistencia después de un evento. Una alerta útil debe indicar qué se observó y qué acción razonable puede tomar el conductor. Acumular información sin una decisión asociada aumenta la complejidad, pero no necesariamente reduce la exposición al riesgo.

También existen límites importantes para su interpretación. Una frenada brusca puede responder a una distracción, pero también a la necesidad de evitar una colisión. Circular de noche puede formar parte de la actividad laboral habitual de una persona y no implica, por sí mismo, una conducta insegura. Además, los teléfonos pueden registrar viajes realizados como pasajero, perder señal o producir mediciones diferentes según el modelo utilizado. Una métrica aislada no debería convertirse automáticamente en una conclusión sobre el conductor.

El diseño de estos programas requiere indicadores comprensibles y comparables. Conviene relacionar los eventos con la exposición, ya sea por distancia recorrida o por cantidad de viajes, observar tendencias durante un periodo suficiente y evitar que un episodio excepcional determine todo el resultado. Antes de utilizar una variable para la suscripción o la prevención, debe comprobarse su estabilidad. La predicción estadística tampoco demuestra que un comportamiento haya causado un siniestro; esa conclusión corresponde a la investigación técnica del caso concreto.

La experiencia del asegurado debe formar parte del programa desde el inicio. La persona necesita saber qué datos se recopilan, para qué se utilizarán, cuánto tiempo se conservarán y con quién podrían compartirse. También debe contar con mecanismos para consultar o corregir la información y cuestionar una decisión. Las directrices del Comité Europeo de Protección de Datos para vehículos conectados destacan principios como la transparencia, la limitación de la finalidad y la minimización de datos. Aunque pertenecen al marco europeo, ofrecen una referencia útil para estructurar prácticas responsables en el país.

La ciberseguridad representa otra dimensión del riesgo. La información puede circular entre el vehículo, la aplicación, el servidor, la aseguradora y distintos proveedores tecnológicos. Cada conexión conlleva responsabilidades relacionadas con el acceso, las actualizaciones y la respuesta ante incidentes. El Reglamento de las Naciones Unidas número 155 ofrece una referencia internacional para gestionar la ciberseguridad durante el ciclo de vida del vehículo conectado. No es una obligación automáticamente aplicable en Guatemala, pero ilustra la necesidad de asignar responsabilidades y supervisar a los terceros involucrados.

Una ruta prudente para el mercado guatemalteco sería comenzar con programas piloto voluntarios y de alcance limitado. Cada programa puede seleccionar un número limitado de variables, establecer una línea base y evaluar la calidad de las mediciones, la participación de los usuarios, las alertas incorrectas y la experiencia general del asegurado. Cuando exista suficiente exposición, los resultados pueden contrastarse con la frecuencia y severidad de los reclamos, sin confundir correlación con causalidad ni extender las conclusiones a grupos que no fueron estudiados.

La telemática puede contribuir a construir una relación más preventiva entre la aseguradora y el conductor, siempre que el propósito sea claro y la información se traduzca en acciones comprensibles. Su utilidad no se mide por la cantidad de datos almacenados, sino por la calidad de las decisiones que ayuda a mejorar. Bien gobernada, puede complementar la suscripción, la asistencia y la educación vial; no sustituye el criterio técnico, la investigación de un siniestro ni la revisión humana de las decisiones que afectan al asegurado.

Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros