24/08/2026
Más allá de la póliza: redefiniendo el seguro como motor de resiliencia e inclusión
Durante décadas, la evolución del mercado asegurador se ha evaluado principalmente a través de su nivel de penetración en el Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, una cifra agregada no refleja la historia completa: no revela cuántos hogares tienen capacidad para recuperarse de una enfermedad o un desastre, ni si una micro, pequeña o mediana empresa (MIPYME) podrá continuar operando después de perder herramientas esenciales para su actividad.
La verdadera inclusión aseguradora no comienza con una aplicación tecnológica ni con la comercialización masiva de pólizas estandarizadas; comienza comprendiendo la realidad de las personas. Para que el seguro cumpla plenamente su función económica y social, debe diseñarse a partir de los riesgos concretos que amenazan la estabilidad de las familias y la continuidad de los negocios.
Facilitar el acceso implica reducir barreras de tiempo, información y distancia. Si bien la digitalización abre oportunidades importantes, la tecnología por sí misma no garantiza inclusión cuando las interfaces son complejas o los requisitos resultan difíciles de cumplir. La experiencia internacional y local demuestra que, para familias y MIPYMES, una estrategia efectiva combina multicanalidad adaptativa y acceso asistido: aprovechar las herramientas digitales para reducir costos y tiempos, sin prescindir del acompañamiento humano. La confianza se fortalece cuando el asegurado comprende claramente qué está cubierto, qué está excluido, cuánto cuesta la protección y cómo debe actuar ante un siniestro.
En las MIPYMES, además, el patrimonio familiar y el empresarial suelen estar estrechamente vinculados. La pérdida de un equipo, un incendio o la enfermedad de quien dirige la operación pueden afectar directamente la economía del hogar. Por ello, el seguro debe concebirse como una solución modular capaz de evolucionar junto con la empresa, protegiendo sus activos estratégicos y favoreciendo la continuidad del negocio.
En Guatemala, donde la penetración del seguro (1.4% del PIB) evidencia un amplio margen de desarrollo frente a otros mercados de la región, como Panamá con 2.2% o El Salvador con 2.4%, la prioridad no debería limitarse a alcanzar una meta cuantitativa, sino a reducir efectivamente la brecha de protección. La inclusión no concluye con la emisión de una póliza; se confirma cuando el usuario comprende el producto, puede mantenerlo vigente y recibe una respuesta justa y oportuna cuando enfrenta una eventualidad. La industria aseguradora tiene, por tanto, la oportunidad de consolidar una cultura sustentada en transparencia, educación y pertinencia. Innovar también significa simplificar con responsabilidad y convertir la promesa del seguro en un verdadero pilar de desarrollo sostenible para toda la sociedad.
Licda. Myrna González
Junta Directiva AGIS
